sábado, 24 de diciembre de 2011

John Chamberlain





John Chamberlain encontró en la carrocería de los coches el material perfecto para sus propósitos. Le bastaba con ir al desguace, elegir el color de la chapa, comprarla y, por fin, prensarla para que el hierro abandonado se convirtiese en escultura. Fue su manera de unir los objetos encontrados de Duchamp, las formas anárquicas del expresionismo abstracto y la inquietud del pop por la sociedad de consumo.





El Guggenheim de Nueva York está preparando una retrospectiva de este artista con cien obras que muestran su peculiar papel en la historia del arte, una especie de bisagra entre las corrientes de los 50 y los 60. Será un involuntario homenaje a este creador que murió ayer en Nueva York a los 84 años, y al que el museo ya dedicó una muestra en 1970.




Fue el artista que supo aprovechar la chatarra para llevarla a las mejores galerías y museos, un planteamiento que más tarde utilizó uno de los indiscutibles de la segunda mitad del siglo XX, Robert Rauschenberg. «Es una demostración de cómo la basura puede ser el comienzo de la existencia de otra cosa», explicó el escultor, al que desagradaba hablar sobre su propia obra. Y al que le disgustaba que le preguntarán de qué modelo de coche procedía una u otra pieza.




Fue una figura espectacular que encapsuló la fiereza del arte estadounidense de mediados de siglo y no tuvo rival en su adaptación de materiales inverosímiles para sus esculturas". Asimismo, ha destacado que la influencia del escultor "tendrá un largo alcance".







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